Hay viviendas que cargan con dos generaciones de decisiones encima. Esta era una de ellas.
Una casa en Alboraya que los propietarios habían heredado y reformado con el estudio de arquitectura CU4. El trabajo de rehabilitación arquitectónica era espléndido — pero en el momento de la sesión fotográfica el espacio aún arrastraba elementos personales, complementos heredados y decisiones decorativas acumuladas que diluían el resultado final.
El encargo fue claro: despersonalizar y complementar. No tapar lo que estaba bien, sino quitar lo que sobraba y añadir lo que faltaba para que el trabajo de los arquitectos pudiera leerse limpio en imagen.
Cuando la arquitectura está bien resuelta, el estilismo no compite con ella. La acompaña.