Dos cosas que no suelen ir juntas: alegría y serenidad. Una pide saturación, color, textura. La otra pide calma, neutros, silencio visual. Casi todos los proyectos eligen uno de los dos lados.
Aquí encontramos el cruce. Una vivienda en Puerto de Sagunto donde los propietarios querían una casa con vida pero sin ruido visual. La paleta combina tonos cálidos con maderas claras, textiles que aportan movimiento sin estridencia, y piezas decorativas que se hacen ver sin pelear entre ellas.
El truco: dejar que el color hable a través de los textiles y el atrezo, no a través de la pared. Permite cambiar el carácter del espacio sin romper la base — algo que los propietarios agradecen cuando llega el momento de evolucionar.